Función de las encias

Las encías cumplen una función muy importante a modo de proteger la boca, pues recubren los dientes preservándolos de los daños externos. Además, influyen en el aspecto de la sonrisa y en la salud bucal. Hay que tener en cuenta de que la encía tiene varias partes y cada una de estas tiene una función diferente. Conocer la encía y dedicarle cierta atención, es de gran importancia para mantener una sonrisa brillante. Como mencionábamos anteriormente, la principal función de las encías es la de recubrir y proteger los dientes y maxilares, y a continuación, detallamos aún más el sentido que tiene este tejido en nuestra boca:

  • Intervienen en la fijación de los dientes a los maxilares. Así se evita que los elementos dentarios se desplacen o se muevan, para que cumplan sus funciones de manera adecuada.
  • Absorben la presión generada durante la masticación. Si no fuera así, dicha presión recaería de forma directa sobre los huesos, ocasionándoles daños a largo plazo.
  • Protegen los dientes de la acción de los gérmenes. La encía actúa como una barrera que impide el contacto del hueso y la raíz de los dientes con el exterior, de modo que se evita el paso de sustancias extrañas.
  • Favorecen la salud bucodental y general. Las encías sanas previenen la aparición de complicaciones y patologías en la boca. También disminuyen el riesgo de padecer o empeorar algunas patologías asociadas a su deterioro.
  • Mejoran la estética y la apariencia de la sonrisa. Al contornear de manera sutil la corona de cada elemento dental, las encías dan un aspecto armónico a la dentadura.

Cuando las encías no cumplen su función, hinchándose, enfermándose o sangrando, enfermedades como la gingivitis o la enfermedad periodontal son los trastornos más comunes los que han dañado a este tejido. La gingivitis, como alguna vez hemos descrito, es la inflamación de las encías producida por una una higiene bucodental inadecuada, que provoca en cúmulo de placa bacteriana y sarro. De esta forma, si no se trata a tiempo, empeora evolucionando a lo que se conoce como enfermedad periodontal o piorrea, con un cuadro clínico más grave.

Al producirse la enfermedad periodontal, el hueso alveolar y los tejidos de sostén, llegan a destruirse y tras ello, las piezas dentarias pierden su fijación. Es habitual que los dientes se muevan, y en casos más graves, se salgan. También es importante saber que este trastorno es vinculado a otras afecciones del cuerpo, favoreciendo o agravando patologías sistemáticas como las patologías cardiovasculares, la diabetes o las neurológicas entre otras.